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Coliseo

Roma · Coliseo

¿Cuándo se construyó el Coliseo?

Nerón tenía en este sitio un lago privado, y Vespasiano lo desecó para dar a Roma un anfiteatro.

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Coliseo

El Coliseo se construyó entre el 70 y el 80 d. C. más o menos: el emperador Vespasiano lo empezó hacia el 70 o el 72, y su hijo Tito lo inauguró en el 80 con 100 días de juegos. Domiciano, el hijo menor de Vespasiano, siguió con las obras y añadió los subterráneos de la arena y una galería en lo alto. Las estimaciones actuales calculan un aforo de unos 50.000 espectadores. Los agujeros de la piedra y el muro exterior que falta en el lado sur llegaron siglos después del fin de los juegos.

Actualizado el: 4 de noviembre de 2026

¿Cuándo se construyó el Coliseo? Entre el 70 y el 80 d. C.

El Coliseo se levantó en unos diez años, y cuando se dice “construido en el 80 d. C.” en realidad se habla de la fecha de inauguración, porque el edificio ni siquiera entonces estaba terminado. Algunas fuentes sitúan el comienzo entre el 73 y el 75 y los juegos inaugurales en el 81, de ahí que veas fechas algo distintas.

Fechas de construcción del Coliseo

64 d. C.
Tras el Gran Incendio, Nerón construye su palacio con un lago en este solar
Hacia el 70 o el 72 d. C.
Vespasiano, emperador desde el 69 d. C., empieza el anfiteatro
79 d. C.
Muere Vespasiano, con el edificio levantado hasta el tercer nivel
80 d. C.
Tito lo inaugura con 100 días de juegos
Desde el 81 d. C.
Domiciano añade los subterráneos de la arena y la galería superior

Por qué Vespasiano construyó el Coliseo sobre el lago de Nerón

Esas fechas empiezan con un incendio. Tras el Gran Incendio de Roma, en el año 64 d. C., el emperador Nerón se quedó con buena parte del valle quemado para su Domus Aurea, un palacio con un lago artificial delante y una estatua colosal de sí mismo junto a la entrada. Vespasiano desecó el lago y puso un anfiteatro público donde había estado la piscina privada del emperador, con lo que devolvió el terreno al pueblo de Roma.

La Sala Octogonal cubierta con cúpula de la Domus Aurea de Nerón, con el óculo cerrado por una estructura protectora de cristal
La Sala Octogonal, en lo que se conserva de la Domus Aurea de Nerón Foto: Mariordo, CC BY-SA 4.0

El dinero salió de la guerra: en el año 70 d. C. las tropas romanas asediaron Jerusalén y saquearon su Templo, y una inscripción reconstruida dice que Vespasiano construyó el anfiteatro con la parte del botín que le tocó como general. Y mientras que muchos anfiteatros se levantaban en las afueras, este se alzó en pleno centro de la ciudad.

La estatua de Nerón le sobrevivió: más tarde el emperador Adriano la trasladó junto al anfiteatro, y aquel coloso dio nombre al edificio. Los romanos lo llamaban sin más el anfiteatro; “Anfiteatro Flavio”, por la familia de Vespasiano, es un nombre moderno y no hay pruebas de que se usara en la Antigüedad.

Cómo construyeron los romanos el Coliseo: travertino y hierro

El edificio se sostiene por sí solo, sin apoyarse en ninguna ladera, y está hecho de piedra y hormigón sobre bóvedas de cañón y de arista. La estructura y el muro exterior son de travertino, una caliza clara; los muros interiores, de toba, una piedra volcánica más blanda, y las bóvedas de las arcadas, de hormigón.

El Coliseo en cifras

Exterior
189 × 156 m y 48 m de altura
Perímetro
545 m
Travertino
Más de 100.000 metros cúbicos, colocados sin mortero
Grapas de hierro
300 toneladas que sujetan los bloques
Accesos
80 a nivel del suelo

Esas grapas de hierro explican los agujeros que salpican la piedra: en la Edad Media se arrancó el metal y quedaron los huecos. En el lado norte, donde aún se conserva el muro exterior original, puedes seguir con la vista la fachada, que sube por tres niveles de arcos, con columnas dóricas abajo, después jónicas y luego corintias, y un ático con pilastras corintias planas arriba. Esa sucesión la tomaron los arquitectos del Renacimiento cuando fijaron las reglas de los órdenes clásicos.

El lado norte del Coliseo, con tres niveles de arcos y el ático encima
El lado norte, donde aún se conserva el muro exterior original Foto: Rabax63, CC BY-SA 4.0

Del trabajo duro suele darse por hecho que se encargaron esclavos y prisioneros de guerra, junto a equipos de constructores, ingenieros y artistas profesionales. Nadie ha demostrado cómo se repartían, así que toma con cautela cualquier cifra que leas por internet.

Pilares y arcos de travertino del Coliseo picados de agujeros
Los agujeros que dejaron las grapas de hierro al arrancarlas Foto: David Castor (user:dcastor), CC0

Cómo entraban y salían 50.000 romanos del Coliseo

Las estimaciones actuales calculan unos 50.000 espectadores. Un calendario romano del año 354 habla de 87.000, muy por encima de lo que permiten las estimaciones modernas. Dónde te sentabas dependía de quién eras.

El emperador y las vestales, las sacerdotisas de la diosa Vesta, tenían palcos en los extremos norte y sur, y los senadores se sentaban en el podio, junto a la arena, en sillas propias. Encima, en la primera grada, venían los caballeros, el segundo rango de Roma, y después, en la segunda, los ciudadanos corrientes, mientras que las mujeres, los esclavos y los pobres subían hasta la galería de madera que añadió Domiciano, arriba del todo.

Sentar a tanta gente exigía un sistema. De los 80 accesos, 76 eran para el público, y cada acceso, escalera y fila llevaba un número; la entrada era una pieza de cerámica numerada que indicaba el sector y la fila. Se conservan los accesos del 23 al 54. Los pasillos que llevaban desde ellos hasta los asientos, los vomitorios, deben su nombre a la palabra latina que designa una descarga rápida, ya que podían vaciar las gradas en pocos minutos.

El número romano LIII grabado sobre un acceso en arco del Coliseo
El acceso LIII, uno de los arcos numerados que se conservan Foto: David Castor (user:dcastor), CC0

Para dar sombra estaba el velarium, un toldo retráctil de cuerdas y lona que se sujetaba a 240 ménsulas del ático y cubría unos dos tercios de la arena; las cuerdas las manejaban marineros de Miseno, la base de la flota en la bahía de Nápoles.

El ático del Coliseo al atardecer, con pilastras, ventanas cuadradas y hileras de ménsulas de piedra
El ático, con las ménsulas de piedra a las que se sujetaba el toldo Foto: MM, CC BY-SA 4.0

Gladiadores, cacerías y batallas navales en el Coliseo

Los combates nunca los organizaba el Estado: los espectáculos de gladiadores los daban particulares, tenían un lado religioso y, para una familia, pagar uno era una manera de mostrar su poder.

El interior del Coliseo visto desde arriba, con la arena y los subterráneos debajo
La arena, con los subterráneos de Domiciano debajo Foto: Diego Delso, CC BY-SA 4.0

Para las cacerías se traían de África y de Oriente Próximo rinocerontes, hipopótamos, elefantes, jirafas, leones, panteras, osos, tigres, cocodrilos y avestruces, y se montaban escenarios con árboles de verdad y edificios móviles. El historiador romano Dion Casio contó más de 9000 animales muertos en los juegos inaugurales, y se dice que el emperador Trajano celebró sus guerras en Dacia, la actual Rumanía, con 11.000 animales y 10.000 gladiadores a lo largo de 123 días en el año 107 d. C. A la hora de comer se echaba a los condenados a las fieras, a veces en escenas montadas como mitos griegos.

Los autores antiguos cuentan también que en los juegos inaugurales se inundó la arena, con caballos y toros nadando y una batalla naval simulada, pero no hay ninguna prueba material, y los historiadores aún discuten cómo se pudo impermeabilizar el suelo y dónde cabrían los barcos.

Un mosaico romano de suelo con una cacería, con un león, un toro y un ciervo atacados por cazadores con lanzas
Una cacería en un mosaico del siglo IV, hoy en la Galería Borghese Foto: Daderot, Public domain

Con los mártires cristianos hay que tener la misma cautela. La tradición los sitúa en el Coliseo, pero no hay pruebas históricas, y algunos colocan las muertes en el Circo Máximo. Aun así, el vínculo arraigó: el Viernes Santo, el Via Crucis del papa sigue saliendo de aquí.

La arena del Coliseo y los subterráneos que hay debajo

El suelo de la arena era de madera cubierta de arena (la palabra latina para arena, harena, es la que nos dio la palabra arena), y debajo Domiciano construyó unos auténticos bastidores para los juegos, de los que los muros que se ven hoy desde arriba son lo que queda.

Muros de ladrillo y piedra, arcos y pasadizos de los subterráneos bajo la arena del Coliseo
Los subterráneos de Domiciano bajo el suelo de la arena Foto: Hyun-seon, CC0

Bajo el suelo de madera había dos niveles de subterráneos y jaulas para animales, y 80 pozos verticales que subían animales y decorados a los juegos, con plataformas mayores en las que cabían elefantes. En los muros que se ven desde arriba se distinguen al menos 12 fases de obra, y los túneles seguían más allá hasta el Ludus Magnus, la escuela de gladiadores de al lado.

Con la entrada general se ven esos subterráneos desde el primer nivel, y la nuestra cuesta 25 € con audioguía, el Foro y el Palatino. Para pisar el suelo de la arena, donde se celebraban los espectáculos, hace falta una entrada a la arena, como la entrada a la arena con audioguía por 52 €, o una visita guiada a la arena por 85 €. Los subterráneos, en cambio, necesitan una entrada aparte.

El primer domingo de cada mes la entrada es gratuita y se recoge en la taquilla el mismo día. Ese día la arena, los subterráneos y los niveles superiores siguen cerrados: si quieres pisar el suelo, elige un día de pago. Las demás normas, en nuestra página de entradas del Coliseo.

De fortaleza a cantera: el Coliseo después de los juegos

La decadencia empezó con los daños: en el año 217 d. C. un rayo incendió los niveles superiores de madera por dentro, y las reparaciones duraron hasta hacia el 240. Los combates de gladiadores se prohibieron en el siglo V, y las últimas cacerías de las que hay constancia son del 523.

Después el edificio encontró otros usos. En el siglo VI había una capilla dentro, la arena se había convertido en cementerio y las arcadas albergaban casas y talleres, que aún se alquilaban en el siglo XII. Hacia 1200 los Frangipane, una familia noble romana, lo convirtieron en su fortaleza.

El grabado de Piranesi del Coliseo en ruinas, con el muro exterior roto y vegetación
El Coliseo tal como lo grabó Piranesi en el siglo XVIII Foto: Giovanni Battista Piranesi, CC0

La gran pérdida llegó en 1349, cuando un terremoto derribó el muro exterior del lado sur, que se asienta sobre un suelo fluvial más blando, y por eso desde el sur ves el muro interior y no la fachada. La piedra caída se llevó a palacios, iglesias y hospitales de Roma, y parte acabó en la Basílica de San Pedro.

El lado sur del Coliseo, donde se ve el muro interior y el muro exterior que se conserva termina en contrafuertes inclinados de ladrillo
El lado sur: el muro interior y el punto donde acaba el muro exterior Foto: AlexanderVanLoon, CC BY-SA 3.0

La restauración del Coliseo, de 1749 a los niveles superiores

La extracción de piedra se detuvo en 1749, cuando el papa Benedicto XIV la prohibió y consagró el edificio a la Pasión de Cristo. En 1807 y en 1827 se levantaron cuñas triangulares de ladrillo para sujetar el muro exterior, y los subterráneos se excavaron por fases hasta quedar del todo al descubierto con Mussolini, en la década de 1930.

Las obras de las que te beneficias hoy son recientes: entre 1993 y 2000 hubo una gran restauración, en el verano de 2010 se abrieron los subterráneos a los visitantes, entre 2013 y 2016 la fachada tuvo su primera limpieza completa, pagada por la casa de moda italiana Tod’s, y desde 2017 los dos niveles superiores se pueden visitar con guía.

Si en Roma vas a ver algo más que el Coliseo, puedes gastar en él una de las entradas incluidas del Roma Pass, junto con el Foro y el Palatino. En nuestra página sobre Roma Pass y los demás pases de Roma verás qué otras tarjetas lo incluyen.

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Curiosidades del Coliseo: una profecía, una fábrica de lana y 684 plantas

Quizá hayas oído que “mientras el Coliseo siga en pie, Roma seguirá en pie”. El dicho medieval, atribuido en su día al monje inglés Beda, se refería al coloso de Nerón y no al edificio, y se ha traducido mal muchas veces, también por el poeta Lord Byron.

Algunos de los planes para el edificio nunca se cumplieron. El papa Sixto V, que reinó de 1585 a 1590, quiso convertirlo en una fábrica de lana para dar trabajo a las prostitutas de Roma, y en 1671 el cardenal Altieri permitió corridas de toros dentro hasta que las protestas del público acabaron con la idea.

La ruina ha sido también un jardín. Desde el primer catálogo, en 1643, los botánicos han registrado 684 especies de plantas que crecen en sus muros, con 418 en el punto máximo, en 1855, y 242 en el último recuento, algunas de las cuales no se habían hallado en su día en ningún otro lugar de Europa.

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Preguntas frecuentes

¿Cuándo se construyó el Coliseo?

Las obras empezaron entre los años 70 y 72 d. C. con el emperador Vespasiano, y su hijo Tito inauguró el Coliseo en el año 80 con 100 días de juegos. A partir del 81, su hermano Domiciano añadió los subterráneos de la arena y una galería en lo alto. Algunas fuentes sitúan el comienzo entre el 73 y el 75 y los juegos inaugurales en el 81, por eso verás fechas algo distintas.

¿Quién construyó el Coliseo?

Tres emperadores de la misma familia: Vespasiano lo empezó, su hijo Tito lo inauguró y su hijo menor Domiciano añadió los subterráneos y la galería superior. Suele darse por hecho que el trabajo lo hicieron esclavos y prisioneros de guerra junto a constructores, ingenieros y artistas profesionales. Una inscripción reconstruida dice que Vespasiano lo pagó con su parte del botín de Jerusalén.

¿Cuánta gente cabía en el Coliseo?

Las estimaciones actuales hablan de unos 50.000 espectadores. Un documento romano del año 354 da 87.000, y las estimaciones para distintas épocas llegan hasta los 80.000, así que toma cualquier cifra como aproximada.

¿Por qué se llama Coliseo?

El nombre viene de una estatua colosal de Nerón que se alzaba a su lado y que el emperador Adriano mandó trasladar junto al anfiteatro. Los romanos lo llamaban simplemente el anfiteatro.

¿Qué día se entra gratis al Coliseo?

El primer domingo de cada mes. Esas entradas gratuitas no se pueden reservar: se recogen en la taquilla el mismo día, y esos días la arena, los subterráneos y los niveles superiores están cerrados.

¿Murieron cristianos en el Coliseo?

Es una tradición, no un hecho probado. No hay pruebas históricas de martirios cristianos allí, y algunos historiadores los sitúan más bien en el Circo Máximo. El papa Benedicto XIV consagró el Coliseo a la Pasión de Cristo en 1749, lo que ayudó a que la tradición arraigara.

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